¿Te pica la curiosidad?
¿Te inquieta no saber?
¿Te angustia no controlar?
Entonces, es algo más que la curiosidad, lo que te pica. Pues si te pica: ¡rásca-te!
Haz silencio. Entra en tu interior. Investiga de donde vienen tus temores. Ponles nombre.
Y si aún, no encuentras motivos para tener esperanza, ve más al fondo. A lo profundo de tí mismo donde habita el misterio de lo que tú eres.
¿Que quién eres? Alguien por el cual Dios vino a la tierra, desnudo, débil e indefenso. Tan desnudo, débil e indefenso como tú. Para demostrarte que, alguien como tú, merecía la pena. Eres esperanza. La esperanza de Dios. ¿Y tú por cuántos vas a serlo? |