UNO
Muchos han luchado en la historia por lo que creían.Algunos pocos llegaron incluso a morir por un sueño, una idea, un proyecto de sociedad mejor. Pero solo UNO murió por todos. A los demás la muerte les llegó de una forma planeada o fortuita, buscada o injusta, legal o ilegal… Pero nadie la tenía asumida dentro de sus planes con él la tenía. Si muchos de esos otros hubieran sabido que iban a morir, ¿habrían seguido con su causa? Y, sin embargo, Él sabía ya desde el principio que estaba dispuesto a morir si el amor le pedía ese precio.
El hombre ha adorado a muchos dioses. Pero solo UNO decidió sentir en su propia carne lo que un hombre siente. Solo uno nació pobre en un pesebre. Solo uno decidió ser un hombre entre otros hombres, sin honores, sin poderes, sin más fuerza que el amor. Este Dios, no es un Dios por su poder…, es un Dios-para-todos.
No te confundas. Todos sabemos hablar del amor. Pero tuvo que venir todo un Dios y compartir con nosotros la maravillosa fragilidad de ser hombre, hasta el extremo de morir como el más maldito de los hombres.
Ya, ya sé. Todo esto te parece un cuento. Hay algo dentro de ti que se resiste a darle credibilidad. No te voy a negar que todos hemos pasado por ahí. Pero pregúntate si todas las promesas y sueños que esperabas de vida se te han cumplido. Piensa en tus convicciones más profundas, ¿cuántas veces las has traicionado? Y, sin embargo, por el hecho de que tú no hayas sido auténtico ellas siguen siéndolo. Esto es igual. Basta que te des la oportunidad. Dudas, pero ¿y si fuera cierto?, ¿te atreverías a sentirlo?, ¿aceptarías que ha habido un Dios que ha muerto por ti?
¿Se puede vivir tan campante sabiendo que Alguien ha entregado la vida por amor a ti? Sí, si se puede vivir. Pero no así, inundado de mediocridad. Se puede vivir de otra manera. Lo dice San Pablo. “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en mí. Mi vida presente la vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2, 20)
¿Te imaginas? Si alguien viniera y te dijera ¿Por qué vives?, ¿por qué estás en este mundo?, ¿por qué haces lo que haces? ¡Te imaginas que pudieras contestar, como San Pablo, “porque alguien me amó y se entregó por mí”! |